TENTE

TENTE, UN GRAN NOMBRE EN JUEGOS DE CONSTRUCCIÓN.
Exin, Borrás, Hasbro, Colecciones y Modelos de sus series Astro, Ruta, Mar, Oceanis, Aire, Scorpion, Cosmic, Roblock, Titanium, Alfa, Combi, Variant, Pocket, Mini y Micro.

viernes, 30 de agosto de 2013

TENTE 3D.
Nave Mar al estilo Astro.


Navecita. Cosmic. ¿1985?
Recreación virtual.

Otro pequeño modelo en la fase de pruebas de los programas informáticos fue la construcción de una de las navecitas que hacía de niño cuando aún no contaba con alas de la serie Astro, ni sus antenas a modo de cañones láser que tanto añoraba de los catálogos. Para ellas aprovechaba las piezas de barcos que sí tenía: las placas base y las bases de proa y popa. Para las toberas aprovechaba las ruedas de la Unidad explanadora desmontándolas de sus ejes, sujetándolas con el par de piezas amarillas de tetón lateral del Camión cisterna y gaolinera de mi hermano, donde también sujetaba las antenas de barco a modo de esos cañones láser ansiados. Mi primera semicúpula ahumada no sé de dónde salió, pero recuerdo que se quedó finalmente sin vástagos para sujetarla y acabó en la basura. En las primeras construcciones añadí las ruedas del Camión cisterna como tren de aterrizaje, pero quedaban demasiado bastas y las omití en siguientes construcciones, dejando que se apoyara al aterrizar sobre las toberas y un ladrillo de 2x1 módulos colocado en la parte delantera, bajo el parabrisas ahumado.



La reconstrucción que presento aquí es una aproximación, ya que no conservo documento gráfico ni descriptivo de aquellas navecillas y mi recuerdo de las mismas es limitado. Además, éste se debe principalmente a una anécdota que siempre me enorgulleció:

Había llegado a casa del colegio para jugar con esa nave de TENTE que había construído uno o dos días antes emulando a duras penas los bonitos modelos de la serie Astro. Estimo que correría el mes de junio, porque, como era mi costumbre cuando hacía buen tiempo, salí a la calle a imaginar aventuras espaciales en el parquecito y la fuente del barrio hasta la hora de comer, y no podría haberlo hecho si tuviera que volver por la tarde a clase. De paso podía lucir mi creación ante los ojos de los niños que pasaban de vuelta del colegio también. Uno de mis compañeros de clase me pidió que se la enseñara, me preguntó que si la había hecho yo y cuando respondí afirmativamente contestó que no lo creía, porque estaba demasiado bien hecha. Volví a afirmarlo, pero me la devolvió con desdén. Titubeé y no dije nada más a sabiendas de que no hay peor sordo que el que no quiere oír; pero después me henchí de gozo al pensar que ese chico no había creído que fuera una construcción propia por su aspecto tan atractivo y más o menos coherente.

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